Las fiestas del Rosario

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Nos acercamos a la festividad de Nuestra Señora del Rosario y muchos pueblos próximos celebran sus fiestas en honor a ella. Es el caso de La Cueva, Santomera o Puente Tocinos, entre otros.

Casillas las ha celebrado durante mucho tiempo en agosto, aunque hace unos años se trasladaron a junio para hacerlas coincidir con la festividad de nuestro patrón, el Sagrado Corazón de Jesús.

Pero…

¿LA FESTIVIDAD DEL ROSARIO HA SIDO EXTRAÑA EN EL PUEBLO?

La respuesta debería ser un no, pues su devoción también estuvo presente aquí.

Es una advocación que está extendida por la huerta de Murcia por la presencia de la Orden Dominica, ya que fue esta quien extendió su rezo por la cristiandad. Pues se cuenta que fue la Virgen María la que se lo enseñó a Santo Domingo de Guzmán.

Además, desde que se erigiera la ermita del Rosario de Puente Tocinos en parroquia, el territorio de Casillas y sus dos ermitas pasaron a depender eclesiásticamente de ella. De ahí, que bajo la dirección del párroco Pedro Zamora y algunos vecinos del pueblo se restauraron las dos ermitas, allá por el año 1897, y las primeras fiestas se realizaron en honor a la Virgen del Rosario, que es patrona también de Puente Tocinos (ver foto), tal y como nos señalan algunas noticias aparecidas en los periódicos murcianos de la primera mitad del siglo XX.

La referencia más lejana aparece el 2 de noviembre de 1915 en el periódico El Tiempo, en la que se lee: “Procesión. En Puente Tocinos, ermita de Buendía, se verificó el domingo en la tarde una solemne procesión en honor de la Virgen del Rosario”.

Años más tarde,  el 28 de octubre de 1930, en El Liberal,  se lee la siguiente noticia:

“En la ermita de Buendía. El domingo 26 se celebró en dicha iglesia la solemne función de la patrona la Virgen del Rosario. A las 10:30 tuvo lugar la celebración de la Santa Misa por el virtuoso capellán D. José Antonio Pascual Martínez. Ocupó la cátedra el párroco de Cobatillas D. José Antonio Verdú Gil, estuvo elocuente. A las 5 de la tarde salió la procesión con las preciosas imágenes de San Antonio, la Purísima, con su magnífico trono que llamó la atención, Sagrado Corazón de Jesús y la Virgen del Rosario. De presto y con capa magnifica iba el señor capellán y amenizando el acto la banda de los niños de la Casa de la Misericordia. La procesión fue presenciada por miles de personas. Después de entrar en el templo la procesión se disparó un bonito castillo de fuegos artificiales por el afamado pirotécnico de Santomera D. Daniel Mateo.  Nuestra enhorabuena al capellán, a los mayordomos y a todos los feligreses por la solemnidad de los cultos”

Pero si estas son referencias a procesiones, hemos encontrado una en Las Provincias de Levante, del día 7 de febrero de 1900, en la que se nombra a la Hermandad del Rosario de la ermita de Espín como acompañante, con estandarte, en el entierro de la Sra. Eulalia Cerdán y Cano y encargada de cantarle una “solemne salve” en el cementerio. Lo que nos abre una línea de  investigación sobre  la existencia de una campana de auroros, bajo esta advocación, en nuestro pueblo.

Estas noticias dejan claro que las fiestas celebradas en Casillas han ido variando con los años.

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¿Conocemos la población de Casillas desde la Edad Media hasta la segunda mitad del siglo XX?

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La población de Casillas tuvo que ser escasa a lo largo de la historia. Durante la Edad Media a causa de: la despoblación que sufrió el reino de Murcia tras su reconquista, ya que emigraron muchos mudéjares hacia territorio musulmán; su posición de frontera de Murcia con el reino nazarí de Granada que la convertía en una tierra poco atractiva para el asentamiento; y porque las tierras de cultivo de este territorio de la huerta eran de mala calidad por la falta de drenaje.

No será hasta el siglo XVI cuando la población de Murcia creció, al concluir la reconquista de Granada y se llevó a cabo un proceso de desecación de los almarjales de la huerta situados en esta zona de la huerta.

Estos motivos, frente a la falta de documentación y su dependencia de Puente Tocinos,  q provoca que su cómputo oficial durante el siglo XIX y principios del XX se realice dentro de esta pedanía, hacen que la población de Casillas sea difícil de calcular con exactitud hasta muy entrado el siglo XX.

A lo largo de su existencia, la mejor referencia aparece en el Catastro de Ensenada, del año 1752. Este nos ofrece una idea aproximada de la población de Casillas en el siglo XVIII. En él aparecen 86 cabezas de familia, utilizando un coeficiente de 4 miembros por familia, nos da una población de 344 habitantes, población similar a la que tenían, 17 años después, en el Censo de Aranda (1769),  La Puebla de Soto o Ceutí.

También podemos observar los oficios en los que se ocupan los casillanos. La mayor ocupación es la de los jornaleros, seguidos de los arrendadores. De siete personas no consta el oficio, pero sabemos que dos de ellas son: una de más 68 años y otra de más de 80, y cuatro son viudas.

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Del censo de Aranda es imposible sacar una conclusión pues el cómputo de la pedanía se incluye en los 22634 habitantes de la parroquia de Santa María, sita en la catedral y a la que pertenecía Casillas.

En el siglo XIX debemos destacar las referencias realizadas a Puente Tocinos. Esta pedanía forma parte de las 62 diputaciones de las que constaba el extenso término de la ciudad de Murcia en el año 1835. Según Rafael de la Mancha, 30 de ellas en la huerta: 16 a la parte del Mediodía y 14 en la del Norte, y cinco villas con jurisdicción independiente: Alcantarilla, La Alberca, Beniel, Espinardo y Santa Cruz. Siendo, para el año 1889, según Díaz Cassou, 34 partidos en la huerta y 15 en el campo. Rafael de la Mancha, realiza un cálculo de 634 vecinos y 2566 habitantes, ascendiendo en el censo de 1887 a 2971, tal y como recoge Pedro Díaz Cassou.

La ermita de Buendía

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Como ya dijimos, es otra de las ermitas que existían en Casillas y que servían para dar culto a las imágenes que en ellas había por parte de los propietarios de las tierras, arrendadores y otros vecinos.

Estaba situaba cerca del actual barrio de la Cruz dentro de la hacienda que componía el mayorazgo de la familia Buendía, de la que hablaré en otra ocasión, y aparece documentada ya en 1633, cuando Ginés Cano de Santayana, constructor de la misma, vende esta hacienda a Antonio Tomás, Diego García Peñafiel y Victoriana Tomás.

En el siglo XVIII sabemos que su titular era San Nicolás, del que había un cuadro grande de pintura italiana con su marco dorado y negro. Además, en el inventario de bienes de Pedro Buendía aparecen recogidos los bienes de la misma que son, junto al cuadro, los siguientes:

  1. Frontal labrado con las armas de los caballeros Buendía.
  2. Unos manteles delgados con sus puntas para el altar usados.
  3. Un misal usado con su atril
  4. Dos “candeleros” de madera grandes.
  5. Una campanilla de metal; un ara mediano.
  6. Un cáliz con su paterna de plata, con su purificador y cubre cáliz de tafetán
  7. Un alba con sus puntas y almito.
  8. Unas bolsas de cañamazo con sus corporales.
  9. Una casulla, estola y manípulo de damasco carmesí con verde usado.
  10. Una campana nueva, que pesaría una arroba y media con badajo de hierro.

No es hasta el siglo XIX cuando encontramos otras referencias a ella. A mitad de la centuria, en la partición de bienes de Ginés Chico de Guzmán, se describe así: una ermita contigua a la casa compuesta de una sola nave con una pequeña habitación destinada a sacristía por la parte de poniente. Cubierto de tejado todo y cuya construcción era de mampostería y cal, el zócalo y el resto de ladrillo. Teniendo una superficie 114 m y 49 cm.

Tal y como recoge El Diario de Murcia del martes, 28 de diciembre de 1897, esta ermita, al igual que la de Espín, cayó en desuso y estaba abandonada a finales del siglo. Momento que fue restaurado el edificio así como las imágenes de más valor por Francisco Sánchez, como la de San Antonio, sufragada por Francisca Casanova y José Martínez Aragón, “principales bienhechores de esta iglesia”, la del patrón San Nicolás y la de Nuestra Señora del Rosario. Además, aumentado el número de imágenes con un Cristo de la Columna, Nuestra Señora de los Dolores, a imitación de la de Salzillo, y un San José.

Desgraciadamente estas imágenes desaparecieron, no así el edificio que fue utilizado hasta la construcción de la actual iglesia y que se debería recuperar como seña de identidad de este pueblo.

La ermita de Espín.

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Era una de las dos ermitas que existían en Casillas y que se situaban dentro de las haciendas pertenecientes a los mayorazgos de Buendía y Espín, respectivamente.

Esta se situaba en la actual calle que lleva su nombre, junto a la casa principal que había en las tierras que compondrán el mayorazgo y que fueron adquiridas, en su mayoría por compra, por doña Baltasara Bienvengud y don Baltasar Espín.

 Gracias a la partición de bienes de doña Baltasara podemos conocer algunos de los elementos que poseía la ermita en el siglo XVII. Estos eran:

  1. Frontal
  2. Casulla
  3. Bolsa de corporales
  4. Paño de cáliz de damasquillo carmesí
  5. Campana
  6. Campanilla
  7. Casulla de gorgorán celeste y negro
  8. Todos los demás útiles para decir misa
  9. Baulillo para poner otros ornamentos
  10. Cáliz
  11. Paterna de plata

Pero si esto es en el año 1650, conocemos que en 1709 la ermita está en ruinas. Aunque todavía quedaba una campana media de metal, un misal viejo y roto y una imagen de Nuestra Señora de la Concepción de mármol. El hecho de que la ermita estuviera dedicada a esta advocación, la de la Inmaculada Concepción, se debe a la vinculación que la familia Bienvengud poseía con los franciscanos, defensores de este dogma, que será reconocido por la iglesia en el siglo XIX.

A pesar de las referencias que de ella se hace en los documentos históricos a lo largo de los siglos XVIII y XIX, la ermita estaría en desuso o en mal estado a finales de este siglo.

El Diario de Murcia del martes, 28 de diciembre de 1897, refiriéndose a las ermitas de Casillas, decía:

“…la escasez de clero y la indiferencia religiosa producida por las revoluciones del presente siglo hicieron que a intervalos las referidas ermitas se cerraran. Ya no se celebraba en ellas el augusto sacrificio, ni resonaban bajo sus bóvedas las alabanzas del Señor. Las imágenes de sus patronos, sepultadas en la oscuridad, solo tenían por adornos empolvados cortinajes de arañas, por lámparas los estrechos tragaluces de los edificios y por lúgubres acordes los ruidos de reptiles…”

Fue gracias a la labor del párroco de Puentes Tocinos, don Pedro Zamora, a quien se debe, junto a otros vecinos de nuestro pueblo, la recuperación de esta ermita para el culto, ya que el territorio que compone Casillas dependía eclesiásticamente de Puente Tocinos desde que este pueblo consiguió elevar su ermita a parroquia.

Además de restaurar las imágenes de algún valor por el escultor Francisco Sánchez, la ermita de Espín vio aumentado su número con una Purísima y un San José de tamaño natural. Este último costeado por Dª María Sánchez Romero (El Diario de Murcia, Ibidem). Pocos años más tarde se incorporaría el Sagrado Corazón de Jesús, actual patrón del pueblo.

Desgraciadamente la ermita desapareció en la contienda civil, pero las imágenes permanecen todavía entre nosotros.

Casillas, ¿desde cuándo?

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Elaboración propia a partir de Google Maps

Casillas se asienta en el heredamiento norte de la huerta de Murcia, limitando actualmente con las pedanías de Puente Tocinos, Monteagudo, Zarandona y Llano de Brujas. Este heredamiento surge de la división que el río Segura realiza del valle y del sistema de riego que, a partir del azud de la Contraparada, establecen las dos acequias mayores: Alquibla, que riega el heredamiento sur, y Aljufía, que riega el norte, y el conjunto de acequias menores que surgen de ellas, es decir, los cauces de aguas vivas. Este sistema se completa con los cauces de aguas muertas (azarbes, azarbetas, landronas…) que devuelven el agua sobrante al río, sirven para drenar terrenos y también para regar en la Vega Baja.

Fueron los musulmanes los que introdujeron este sistema, ampliado a partir del siglo XIII por los cristianos, que pervive hasta nuestro días, aunque excavaciones arqueológicas han puesto a la luz restos romanos en la ocupación de este territorio.

El origen de Casillas no se conoce con exactitud. La primera mención, que de ella se hace, aparece en el repartimiento de la huerta de Murcia realizado por Alfonso X el Sabio en el siglo XIII. Los términos utilizados son Casiellas o Casellas, topónimo de origen mozárabe que significa las casitas o las cabañas. Se puede establecer, según señala Robert Pocklington, por no llevar el artículo “las”, que no se trata de un nuevo topónimo de origen ni castellano ni catalán, es decir, este núcleo ya existía antes de la conquista del reino de Murcia por parte de la corona castellana. Además, conocemos que, en el siglo XIII, existía una torre junto a la acequia que pertenecía a Andrés Caruana, pero desconocemos su ubicación.

Además, es el nombre que recibe la acequia que discurre por este paraje de la huerta. A veces se denomina así al recorrido completo de la acequia que nace de la Aljufía en la actual calle Enrique Villar, cerca del teatro Circo, y otras aparece con tres denominaciones: Nelva (cabecera), Casillas (tramo medio) y Cabecicos (cola).

Hay que destacar que las tierras que configuraban el pago de Casillas eran de poca calidad, pues era una zona próxima al almarjal de Monteagudo, es decir, a una zona de agua estancada, y necesitaba la construcción de canales de drenaje para hacer productivas estas tierras.

¿Por qué el título de “pago de Casillas”?

DSC_0033   AHPM, Not. 742, fol. 796v

Quiero iniciar este blog explicando su título, pues serán muchas las personas que se preguntarán el porqué del término pago.

Este vocablo hace referencia a un pequeño núcleo de población en la huerta de Murcia. Esta palabra estaría, sobre todo, durante el siglo XIX, por debajo de partido, que es un núcleo mayor de población del que pueden depender varios pagos. Pero no existe, de forma muy clara,  una distinción entre ambos términos.

Mi elección de pago, y no senda o ermita de Buendía, viene motivado por el hecho de que, con este término, se refieren a Casillas en los documentos históricos del siglo XVII y XVIII consultados. Además, el término “senda de Casillas” aparece en el siglo XIX y el de “ermita de Buendía”  es mucho más moderno.