La ermita de Buendía

SH. MU-14-19

 

Como ya dijimos, es otra de las ermitas que existían en Casillas y que servían para dar culto a las imágenes que en ellas había por parte de los propietarios de las tierras, arrendadores y otros vecinos.

Estaba situaba cerca del actual barrio de la Cruz dentro de la hacienda que componía el mayorazgo de la familia Buendía, de la que hablaré en otra ocasión, y aparece documentada ya en 1633, cuando Ginés Cano de Santayana, constructor de la misma, vende esta hacienda a Antonio Tomás, Diego García Peñafiel y Victoriana Tomás.

En el siglo XVIII sabemos que su titular era San Nicolás, del que había un cuadro grande de pintura italiana con su marco dorado y negro. Además, en el inventario de bienes de Pedro Buendía aparecen recogidos los bienes de la misma que son, junto al cuadro, los siguientes:

  1. Frontal labrado con las armas de los caballeros Buendía.
  2. Unos manteles delgados con sus puntas para el altar usados.
  3. Un misal usado con su atril
  4. Dos “candeleros” de madera grandes.
  5. Una campanilla de metal; un ara mediano.
  6. Un cáliz con su paterna de plata, con su purificador y cubre cáliz de tafetán
  7. Un alba con sus puntas y almito.
  8. Unas bolsas de cañamazo con sus corporales.
  9. Una casulla, estola y manípulo de damasco carmesí con verde usado.
  10. Una campana nueva, que pesaría una arroba y media con badajo de hierro.

No es hasta el siglo XIX cuando encontramos otras referencias a ella. A mitad de la centuria, en la partición de bienes de Ginés Chico de Guzmán, se describe así: una ermita contigua a la casa compuesta de una sola nave con una pequeña habitación destinada a sacristía por la parte de poniente. Cubierto de tejado todo y cuya construcción era de mampostería y cal, el zócalo y el resto de ladrillo. Teniendo una superficie 114 m y 49 cm.

Tal y como recoge El Diario de Murcia del martes, 28 de diciembre de 1897, esta ermita, al igual que la de Espín, cayó en desuso y estaba abandonada a finales del siglo. Momento que fue restaurado el edificio así como las imágenes de más valor por Francisco Sánchez, como la de San Antonio, sufragada por Francisca Casanova y José Martínez Aragón, “principales bienhechores de esta iglesia”, la del patrón San Nicolás y la de Nuestra Señora del Rosario. Además, aumentado el número de imágenes con un Cristo de la Columna, Nuestra Señora de los Dolores, a imitación de la de Salzillo, y un San José.

Desgraciadamente estas imágenes desaparecieron, no así el edificio que fue utilizado hasta la construcción de la actual iglesia y que se debería recuperar como seña de identidad de este pueblo.

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La ermita de Espín.

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Era una de las dos ermitas que existían en Casillas y que se situaban dentro de las haciendas pertenecientes a los mayorazgos de Buendía y Espín, respectivamente.

Esta se situaba en la actual calle que lleva su nombre, junto a la casa principal que había en las tierras que compondrán el mayorazgo y que fueron adquiridas, en su mayoría por compra, por doña Baltasara Bienvengud y don Baltasar Espín.

 Gracias a la partición de bienes de doña Baltasara podemos conocer algunos de los elementos que poseía la ermita en el siglo XVII. Estos eran:

  1. Frontal
  2. Casulla
  3. Bolsa de corporales
  4. Paño de cáliz de damasquillo carmesí
  5. Campana
  6. Campanilla
  7. Casulla de gorgorán celeste y negro
  8. Todos los demás útiles para decir misa
  9. Baulillo para poner otros ornamentos
  10. Cáliz
  11. Paterna de plata

Pero si esto es en el año 1650, conocemos que en 1709 la ermita está en ruinas. Aunque todavía quedaba una campana media de metal, un misal viejo y roto y una imagen de Nuestra Señora de la Concepción de mármol. El hecho de que la ermita estuviera dedicada a esta advocación, la de la Inmaculada Concepción, se debe a la vinculación que la familia Bienvengud poseía con los franciscanos, defensores de este dogma, que será reconocido por la iglesia en el siglo XIX.

A pesar de las referencias que de ella se hace en los documentos históricos a lo largo de los siglos XVIII y XIX, la ermita estaría en desuso o en mal estado a finales de este siglo.

El Diario de Murcia del martes, 28 de diciembre de 1897, refiriéndose a las ermitas de Casillas, decía:

“…la escasez de clero y la indiferencia religiosa producida por las revoluciones del presente siglo hicieron que a intervalos las referidas ermitas se cerraran. Ya no se celebraba en ellas el augusto sacrificio, ni resonaban bajo sus bóvedas las alabanzas del Señor. Las imágenes de sus patronos, sepultadas en la oscuridad, solo tenían por adornos empolvados cortinajes de arañas, por lámparas los estrechos tragaluces de los edificios y por lúgubres acordes los ruidos de reptiles…”

Fue gracias a la labor del párroco de Puentes Tocinos, don Pedro Zamora, a quien se debe, junto a otros vecinos de nuestro pueblo, la recuperación de esta ermita para el culto, ya que el territorio que compone Casillas dependía eclesiásticamente de Puente Tocinos desde que este pueblo consiguió elevar su ermita a parroquia.

Además de restaurar las imágenes de algún valor por el escultor Francisco Sánchez, la ermita de Espín vio aumentado su número con una Purísima y un San José de tamaño natural. Este último costeado por Dª María Sánchez Romero (El Diario de Murcia, Ibidem). Pocos años más tarde se incorporaría el Sagrado Corazón de Jesús, actual patrón del pueblo.

Desgraciadamente la ermita desapareció en la contienda civil, pero las imágenes permanecen todavía entre nosotros.

Casillas, ¿desde cuándo?

Casillas 4

Elaboración propia a partir de Google Maps

Casillas se asienta en el heredamiento norte de la huerta de Murcia, limitando actualmente con las pedanías de Puente Tocinos, Monteagudo, Zarandona y Llano de Brujas. Este heredamiento surge de la división que el río Segura realiza del valle y del sistema de riego que, a partir del azud de la Contraparada, establecen las dos acequias mayores: Alquibla, que riega el heredamiento sur, y Aljufía, que riega el norte, y el conjunto de acequias menores que surgen de ellas, es decir, los cauces de aguas vivas. Este sistema se completa con los cauces de aguas muertas (azarbes, azarbetas, landronas…) que devuelven el agua sobrante al río, sirven para drenar terrenos y también para regar en la Vega Baja.

Fueron los musulmanes los que introdujeron este sistema, ampliado a partir del siglo XIII por los cristianos, que pervive hasta nuestro días, aunque excavaciones arqueológicas han puesto a la luz restos romanos en la ocupación de este territorio.

El origen de Casillas no se conoce con exactitud. La primera mención, que de ella se hace, aparece en el repartimiento de la huerta de Murcia realizado por Alfonso X el Sabio en el siglo XIII. Los términos utilizados son Casiellas o Casellas, topónimo de origen mozárabe que significa las casitas o las cabañas. Se puede establecer, según señala Robert Pocklington, por no llevar el artículo “las”, que no se trata de un nuevo topónimo de origen ni castellano ni catalán, es decir, este núcleo ya existía antes de la conquista del reino de Murcia por parte de la corona castellana. Además, conocemos que, en el siglo XIII, existía una torre junto a la acequia que pertenecía a Andrés Caruana, pero desconocemos su ubicación.

Además, es el nombre que recibe la acequia que discurre por este paraje de la huerta. A veces se denomina así al recorrido completo de la acequia que nace de la Aljufía en la actual calle Enrique Villar, cerca del teatro Circo, y otras aparece con tres denominaciones: Nelva (cabecera), Casillas (tramo medio) y Cabecicos (cola).

Hay que destacar que las tierras que configuraban el pago de Casillas eran de poca calidad, pues era una zona próxima al almarjal de Monteagudo, es decir, a una zona de agua estancada, y necesitaba la construcción de canales de drenaje para hacer productivas estas tierras.