La ermita de Espín.

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Era una de las dos ermitas que existían en Casillas y que se situaban dentro de las haciendas pertenecientes a los mayorazgos de Buendía y Espín, respectivamente.

Esta se situaba en la actual calle que lleva su nombre, junto a la casa principal que había en las tierras que compondrán el mayorazgo y que fueron adquiridas, en su mayoría por compra, por doña Baltasara Bienvengud y don Baltasar Espín.

 Gracias a la partición de bienes de doña Baltasara podemos conocer algunos de los elementos que poseía la ermita en el siglo XVII. Estos eran:

  1. Frontal
  2. Casulla
  3. Bolsa de corporales
  4. Paño de cáliz de damasquillo carmesí
  5. Campana
  6. Campanilla
  7. Casulla de gorgorán celeste y negro
  8. Todos los demás útiles para decir misa
  9. Baulillo para poner otros ornamentos
  10. Cáliz
  11. Paterna de plata

Pero si esto es en el año 1650, conocemos que en 1709 la ermita está en ruinas. Aunque todavía quedaba una campana media de metal, un misal viejo y roto y una imagen de Nuestra Señora de la Concepción de mármol. El hecho de que la ermita estuviera dedicada a esta advocación, la de la Inmaculada Concepción, se debe a la vinculación que la familia Bienvengud poseía con los franciscanos, defensores de este dogma, que será reconocido por la iglesia en el siglo XIX.

A pesar de las referencias que de ella se hace en los documentos históricos a lo largo de los siglos XVIII y XIX, la ermita estaría en desuso o en mal estado a finales de este siglo.

El Diario de Murcia del martes, 28 de diciembre de 1897, refiriéndose a las ermitas de Casillas, decía:

“…la escasez de clero y la indiferencia religiosa producida por las revoluciones del presente siglo hicieron que a intervalos las referidas ermitas se cerraran. Ya no se celebraba en ellas el augusto sacrificio, ni resonaban bajo sus bóvedas las alabanzas del Señor. Las imágenes de sus patronos, sepultadas en la oscuridad, solo tenían por adornos empolvados cortinajes de arañas, por lámparas los estrechos tragaluces de los edificios y por lúgubres acordes los ruidos de reptiles…”

Fue gracias a la labor del párroco de Puentes Tocinos, don Pedro Zamora, a quien se debe, junto a otros vecinos de nuestro pueblo, la recuperación de esta ermita para el culto, ya que el territorio que compone Casillas dependía eclesiásticamente de Puente Tocinos desde que este pueblo consiguió elevar su ermita a parroquia.

Además de restaurar las imágenes de algún valor por el escultor Francisco Sánchez, la ermita de Espín vio aumentado su número con una Purísima y un San José de tamaño natural. Este último costeado por Dª María Sánchez Romero (El Diario de Murcia, Ibidem). Pocos años más tarde se incorporaría el Sagrado Corazón de Jesús, actual patrón del pueblo.

Desgraciadamente la ermita desapareció en la contienda civil, pero las imágenes permanecen todavía entre nosotros.

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